La malarrabia es el plato más representativo de la gastronomía piurana durante los viernes de Cuaresma y la Semana Santa. Esta delicia culinaria tiene su epicentro en el distrito de Catacaos, donde se sirve como parte del menú tradicional de los siete potajes. Su preparación combina de forma única sabores dulces y salados, reflejando la identidad de un pueblo que mantiene vivas sus costumbres ancestrales a través de la cocina.
El componente principal de este manjar es el plátano maduro sancochado y majado, el cual se mezcla con un aderezo de cebolla, tomate, ají amarillo y achiote. A esta base se le añade queso fresco de cabra desmenuzado, logrando una textura cremosa y un aroma característico que conquista a los comensales. La receta ha pasado de generación en generación, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia cultural y la fe religiosa del Bajo Piura.
Para disfrutar la experiencia completa, la malarrabia se acompaña siempre con una porción de arroz blanco, menestra (usualmente frijol bayo) y un sudado de pescado fresco. Es común utilizar variedades locales como el mero, la cabrilla o el ojo de uva, cuya sazón complementa perfectamente el dulzor del plátano. Los expertos recomiendan maridar este plato con un “poto” de chicha de jora o un clarito helado para resaltar todos los matices del banquete.
Más allá de su exquisito sabor, este plato representa un motor económico y turístico para la región, atrayendo a miles de visitantes cada año durante las festividades religiosas. Festivales y ferias gastronómicas se organizan para premiar la mejor sazón y asegurar que el legado de las picanterías tradicionales perdure. De esta manera, la malarrabia no es solo un alimento, sino una expresión viva del orgullo y la hospitalidad que definen al norte peruano.


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